9.11.11

-Sol de noche-





Siempre lo hacia de la misma manera: Caminaba hasta aquel descampado, se recostaba sobre aquella tierna hierba y lo esperaba. El jamás le fallaba, siempre llegaba. 

Y allí eran horas que pasaban observándose, ofreciéndose una redención, cierto tipo de rescate. Eternidades compartidas sobre un pastizal tan… Vulgar. Todo era luces hasta que amanecía. Era allí donde los espejismos volvían a ser realidades; donde las estrellas eran estrellas; las nubes, pues: nubes y el orden natural del cielo continuaba. Ella, sin variar su rutina, suspiraba y lentamente volvía al rancho. 
El tiempo pasaba de esa manera: Día arduo, noche en el pastizal. 

Cierta vez, ya acostada bajo un cielo sin celeste, ella escuchó su voz. Era suave, sensual y, al mismo tiempo, llamativa. Pasmada abrió los ojos, cosa que no hacia comúnmente por las noches… Su intención no era asustarlo, su intención no era espantar a su amante. Sin embargo, lo hizo. Él escapó, sin explicación, dejando un rastro de pequeños y relucientes rayos de luz. Recostada, ciega por la sorpresa: palideció. 

A pesar de que el cielo no lloraba, muchas gotas cayeron esa vez. Ese día no hubo amanecer, nadie volvió al rancho, nadie tuvo un día arduo, no hubo mas tierna hirba para nadie. La luna había muerto en un pastizal y alguien había huido aterrado. Las aves rumorean y hablan de él con los sauces de los campos lejanos, hablan de aquel amante, de un sol, distinto al de hoy, diferente a todos… 


Aquel sol de noche. 















(Para rememorar viejos tiempos 
en donde no conocía a ningún personaje)

No hay comentarios:

Publicar un comentario