21.9.11

-Estación-



Siempre me dijeron que en la primavera las rosas no se secan, que las aguas se mantienen en pie. Me dijeron que el arte no se cae de las nubes y que las calles no se observan con los ojos de nuestro siempre. 


Y yo les creí... 


Hoy, con la psicodelia apuntando al infinito y subiendo a las palabras que serán almas del norte, reconozco que me he engañado toda la vida y no encuentro perdón para tal perjurio.


Durante el equinoccio la madera se desangra dejando a la vista toda su sabiaduria, el rey esboza sus escamas a tu lado mientras ríe y descubre la razón de todo final, la razón de porque olvida a quienes recuerdan olvidarse de él. Su reminiscencia absoluta.


La epifania sucedió durante mi visita al sistema, simplemente, en un momento se corrompió mi sentir y el pasado toxico invadió mi esencia. En plena enfermedad, las ascuas de mi relámpago se hundieron en su gota y vislumbre la orquídea arder, inmanente a la aguja que me alimentaba. Fueron escasos segundos en donde mis pupilas recorrieron la esfera que siempre juega a jugar juntos;  en donde la tirria del iris, en su cenit, lloro por ti.


Luego, fui yo devuelta, el ácido de mi visión improvisada había tomado la forma de numero. Quise morir en la inquidad refutable de los hombres hambrientos y de las mujeres libres.


A pesar de mi pensamiento ominoso, fuimos nosotros los que nos revolcamos en la sicalipsis de sus muertes, o tal vez... me revolqué solo. Mas tarde, bajo la esperanza de la médula partiste y mi amor, apodíctico pero lleno de tierra, no soporto el adiós y cayo corito dentro de la vida de un maizal.


No seré como ellos y no los engañaré y no seré como tu peinado, yo siempre les diré lo justo, que en la primavera las rosas se secan y que las aguas nunca se mantienen en pie. Les diré que el arte si se cae de las nubes y que las calles únicamente se observan con los ojos de su jamas. 


Y ellos nunca me creerán.


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