Se despertó intranquilo. Con voz ronca, intento llamar a esa mujer que ya no estaba.
Eran las 10…
Tan mediocre y en silencio, como era de costumbre, se acomodó en esa cama que seguía tibia, tomo su pequeño libro y dejó la hora pasar nadando en poesía.
Sabiendo que ella volvería, como siempre lo hacía.
Suena el timbre chirriante, se oye un llanto tras la puerta.
Eran las 11…

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